El ecofeminismo busca fortalecer esfuerzos de bienestar común para toda la población

Por Redacción Reversos

En México, al igual que en América Latina, la mujer no puede defender sus espacios de vida con seguridad porque está mal visto y si lo intenta sufre amenazas o es violentada, señaló la doctora Aleida Azamar Alonso, académica de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

La mujer no cuenta con respaldo institucional y tampoco pueden asociarse a lugares de mando, indicó en la conferencia Ecofeminismos y alternativas desde la comunidad.

Las activistas feministas no son comunes, su número es menor al de los hombres y muchas mujeres han tenido que lidiar con programas enfocados exclusivamente a cuestiones relacionadas con el hogar y la cocina, como Género en el Desarrollo (GED) y Mujeres en el Desarrollo (MED).

El programa MED tuvo un arraigo a nivel institucional pero ciertos efectos fueron negativos en el desarrollo potencial de las mujeres, ya que perpetúa desigualdades ya existentes en vez de crear modelos de inclusión equitativos para políticas y mercados laborales.

Además, ha habido agresiones fatales contra más de mil 300 activistas ambientales en toda América Latina en las últimas dos décadas por oponerse a proyectos extractivos, de agroindustria y explotación del agua.

Brasil, Colombia y Perú son los países con mayor incidencia pues concentran 80 por ciento de estos crímenes, aunque en el último lustro ha destacado la militarización en el extractivismo, que ahora cuenta con cuerpos castrenses, policías, militares y criminales no identificados.

En Cherán, Michoacán, ante la brutal amenaza de madereras ilegales que asesinaban a los opositores, un grupo de mujeres organizó a la población y lograron expulsar hasta a las fuerzas armadas que protegían a estas empresas.

Actualmente, la comunidad se autogobierna a través de usos y costumbres y cuenta con su propio cuerpo armado de autodefensas, mientras en 1987 un grupo de 30 madres veracruzanas se organizó para tratar de buscar un acuerdo con el Estado y finalizar la actividad de la central nuclear de Laguna Verde, objetivo que aún no han logrado pero persisten en la lucha.

Otro caso de inclusión de mujeres en defensa del medio ambiente son las cerca de 100 indígenas nahuas que se organizaron para construir y operar un hotel en donde venden artesanías y productos naturales, entre otros bienes y servicios.

Mujeres del centro Comunitario de San Miguel Topilejo en la Ciudad de México rescataron un rastro y organizaron un taller de serigrafía y textiles y reparten alimentos a los lugares cercanos.

En suma, el ecofeminismo trata de fortalecer esfuerzos de bienestar común para toda la población –incluyendo a niños, jóvenes, ancianos– y busca fortalecer la relación mujer- naturaleza- sociedad, en busca de equidad.

Las sociedades latinoamericanas deben exigir a sus gobiernos evitar mayores daños ecológicos, pues paradójicamente “los lugares más ricos en recursos naturales son los más pobres y es donde prevalece de forma más clara la desigualdad social”.
@REVERSOSREVERSO

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