El hombre que más te amó

Por Carlos Alonso Chimal Ortiz 

Foto: Edgar López (q.e.p.d.) 

Si un día recuerdas al viejo 

Que se preocupó por ti 

Si de él, quisieras un beso 

Y ya no me encuentre aquí 

A tu madre pídele uno 

De tantos que yo le di. 

Vicente Fernández (Abelardo Flores) 

Cuando Enrique nació, en 1991, y sobre todo en septiembre, que para mí es un mes muy difícil, siempre hay cosas malas, o buenas. Como podrán ver a continuación, la gente estaba nerviosa porque ya se iba a terminar el mundo.  

Tenían nueve años para planear qué iban a hacer cuando ese terrible momento llegara. A él no le importaba mucho. Tenía un espacio muy grande para correr, brincar y gritar. Creo que su niñez fue muy divertida, ya que en ese entonces vivir en un lugar tan grande era muy bueno para un chico de su edad. 

De lunes a viernes acudían niños de 6 a 12 años e invadían su espacio. Era una primaria y él vivía ahí.  

Los sábados y domingos volvía a ser el rey de ese lugar, su lugar. Era el dueño y podía hacer y deshacer. Era un poco regordete, pero con esos fines de semana tenía para ponerse en forma cuando corría y volaba. Quería llegar a las montañas más altas del mundo, pararse en la cima y ver todo desde ahí. Ahí empezaba su sueño y su locura por comerse el mundo. 

Muchos años atrás, otro niño estaba corriendo igual por la colonia Del Valle. Veía el cielo y los colores que dibujaban las nubes. Las paredes en su mente las transformaba y se hacían como un círculo y remolinaban. Cuando abría los ojos ya eran de otro color, pero no siempre era tan bueno cuando tomaba su cajón de bolero y salía a las calles. 

Ese niño se llama Alfonso. Le gustaba mancharse las manos de cera y colores. Iba a las peluquerías y ofrecía dar bola por unos centavos… –“Dale chavo, pero no me vayas a pintar los calcetines”–, pero él solo se centraba en limpiar esos zapatos sucios y volverlos a pintar, para que el brillo reflejara el sol de ese día. 

Enrique pasaba gran parte de su tiempo con su abuelo y aprendió a arreglar cosas tan simples que la gente paga porque se las hagan: plomería, carpintería, etc. Ya tenía 15 años y le empezó a perder el gusto al futbol, ya que era uno de sus deportes favoritos. Empezó a meterse en cosas más serias… en la cabeza de la gente. 

Alfonso ya pintaba paredes por rebeldía y, sobre todo, por gusto. Él quería que la gente le pagara por pintar cosas, pero no sabía que había un mercado muy grande que le compraría las cosas que él expresaba pintando.  

Su madre le compraba pinturas y bastidores con mucho sacrificio cuando era niño. Y así fue que llegó a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado «La Esmeralda«. En algún momento de nuestra vida tendremos que encontrar el balance de las cosas que sabemos y nos gusta hacer. Esa sí sería la manera en que me gustaría vivir, pensaba él. 

Enrique ya estaba en la secundaria y él no sabía para qué chingados estaba ahí. Las matemáticas, español, ciencias naturales y demás madres no le servían de nada, al menos eso lo que era lo que él pensaba. En algún momento de nuestra vida tendremos que encontrar el balance de las cosas que sabemos y nos gusta hacer. Esa sí sería la manera en que me gustaría vivir, también pensaba él. 

Alfonso tuvo dos hijos con la chica que le gustaba desde que la conoció en el coro de la iglesia.  Ya les había contado que Alfonso iba a darle clases especiales a su casa. Angélica era ella, y realmente tenía una cara angelical, y cada vez que la miraba se le ocurrían cosas para plasmar para siempre. Claro que después lo hizo con unos hijos hermosos.  

También tenía esa fijación de pintar cuerpos retorcidos y deformes. El sentir que él era el dueño de esos cuerpos y los podía poner de la manera que él quería era algo que le encantaba, pero desgraciadamente llegó el tiempo en que tuvo que pausar eso y hacer dinero para mantener a su familia. 

Enrique conoció a una chica que venía de una familia un poco diferente a las tradicionales. Esa familia era muy divertida, por así decirlo. Bailaban, cantaban, y esa vibra que es como de explotar cuando tienes a alguien que amas cerca, muy mexicana. 

Su padre era artista plástico y su hermano… luego hablaremos de ese güey. Esa chica era divertida, le gustaba cantar y bailar. Muy bonita por cierto. Enrique tuvo que hacer un esfuerzo para entrar en esa familia, ya que ese no era su estilo de vida. 

A veces se desvelaba con el hermano de esa chica juagando videojuegos para involucrarse más en esa familia. Enrique sacrificó muchas cosas por estar con esa chica de la cual se enamoró. Todo el tiempo pensaba en ella. Tan solo cerrar sus ojos y la veía. 

Alfonso ya tenía un trabajo estable, aunque tenía su vida de artista plástico ya formado, más que siempre. Sus hijos ya estaban mayores. Uno, el rebelde, era un verdadero hijo de la chingada. No llegaba a su casa y sentía que se le iba de sus manos. 

Pero su hija menor empezaba a salir con un chico. No todo estaba tan mal. Llegaba alguien a su casa a visitar a su hija. Aquí es donde se juntan las historias… 

Es esta parte donde se juntan los años de atrás y los de ahora. 

Las energías de todos se conjuntaron y todo tuvo sentido. 

Como pasa en todos los cuentos felices, bueno, aún no terminan, siempre son finales felices. 

Enrique conoció por cosas del destino a la hija de Alonso. 

Enrique ahora tiene una hija muy hermosa llamada Camelia, y la tuvo con la hija de Alfonso. Alfonso siempre ha tenido la cultura azteca muy adentro. Yo me iba a llamar Balam (pero esa es otra historia), por cosas del destino o de una madre con descendencias españolas, o algo así, no se logro. 

Todos hacen lo que quieren, por así decirlo. Les pagan por hacer lo que les gusta. Aunque a Enrique no tanto, pero sabe cómo manejar eso, ya que después de eso, cursó la carrera de psicología y demás chingaderas. Aún sigue psicológicamente inseguro porque entre locos todos están locos o algo así entiendo. Es mi manera de expresar eso, ya que no me dedico a eso. 

Ese hermano del cual les platique soy yo. Y bueno, finalmente es lo mismo. Alfonso ya vive de vender su obra pictórica y le pagan bastante bien. 

En épocas y lugares diferentes, en este momento, están sucediendo cosas espectaculares, las cuales finalmente se van a juntar en algún punto de la vida. De esas nacen y se crean cosas aun más espectaculares que van a juntarse con otras mayores, y eso hace que esta vida valga la pena cada día. 

No sé si sean religiosos o no. Yo, por lo menos, sólo creo en el destino, pero sé que está escrito para cada uno y se va cambiando como un engrane según lo manejen. Esta historia puede cambiar en cualquier momento, pero sólo basta tener un objetivo para poder tenerlo. 

Esta es la historia de Enrique y Alfonso, en la cual estuve involucrado en todo el tiempo. Me gusta contarla tal y como es y con algunos cambios, según mis conveniencias y mis alucinaciones. 

Los nombres se cambiaron según mi conveniencia. 

Feliz día del padre, a los que realmente son padres. A los que fueron por cigarros, ya tendrán su lugar en el infierno. 

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