Elección 2021: Una gran lección a los falsos demócratas

Por Rivelino Rueda

En las dictaduras más atroces del siglo XX y lo que va del XXI, las palabras “elecciones libres” eran una broma de mal gusto. Pronunciarlas era un pase automático a prisión, en el mejor de los casos, a la tortura, al “paredón”, a la horca o a los “vuelos de la muerte”.

Este domingo, México tuvo un proceso electoral que fue denominado por las propias autoridades en la materia como “el más grande de la historia”.

Y sí, se realizó en medio de lo que muchos llaman “una dictadura”.

Desconocimiento de la historia o meramente ceguera analítica, los detractores del presidente Andrés Manuel López Obrador tuvieron la oportunidad en estos comicios de reencauzar su discurso esquizofrénico, pero no, optaron por exacerbarlo.

El resultado ahí está: unas elecciones cerradas, partidas a la mitad, donde se vislumbra una fuerte y sana competencia política y democrática que estaría favoreciendo por un estrecho margen a la alianza “Juntos Haremos Historia” (Morena-PT-PVEM).

¿Eso pasa en una dictadura? ¿En una tiranía? No. Nunca. ¿Cambiarán su discurso? Es poco probable. ¿Por qué? Porque su análisis no da más que para el blanco o el negro. Porque es irracional su odio (sí, su odio, palabra prohibida en sus supuestas mentes de demócratas) hacia el “dictador”, hacia el “tirano”.

Tuvieron en esta elección, y no sólo en esta elección, sino en los tres primeros años de gobierno de esta administración, la oportunidad de realizar análisis objetivos, racionales, con la cabeza y no con el estómago, sobre las graves fallas que ha tenido la autodenominada Cuarta Transformación.

Pero no. El discurso siempre fue el de la falacia, el de la mentira abierta: “Esto es una dictadura”. “Esto es una tiranía”.

La oportunidad la dilapidaron en odio. Hoy, como apuntan los primeros resultados preliminares de los comicios para la renovación de la Cámara de Diputados, que es donde estaba la atención, es que Morena, el partido de López Obrador, obtendría de 2.5% a 3% menos votos que hace tres años.

En 2018, con el fenómeno de la candidatura presidencial de AMLO, Morena obtuvo el 37.16 por ciento de los sufragios. Ahora estaría rondando el entre el 34.9 y el 35.8% (entre 190 y 203 curules en San Lázaro).

El Partido Acción Nacional (PAN) estaría creciendo entre un uno y dos por ciento, al pasar del 17.93% de la votación en 2018, a entre el 18.5 y 19.3% en estos comicios (entre 106 y 117 diputaciones federales). ¿Eso pasa en las dictaduras? No.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) también estaría creciendo entre uno y dos puntos porcentuales, al pasar del 16.57% que alcanzó en las elecciones de hace tres años, a entre 17.8 y 18.5% en el proceso electoral del domingo (entre 63 y 75 espacios legislativos en la Cámara baja). ¿Eso pasa en las tiranías autoritarias? No.

El último aliado del bloque opositor denominado “Va por México”, y patrocinado por el empresario Claudio X. González, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), estaría obteniendo entre el 3.5 y 3.9% de los sufragios en los comicios de este domingo (entre 12 y 21 curules), dos puntos porcentuales menos que los que alcanzó en 2018, con 5.29%. ¿Esto pasa en los regímenes totalitarios? No.

¿Han prohibido la creación y la participación de partidos u organizaciones ciudadanas como FRENA en el escenario político nacional? No. ¿Se han cerrado universidades? No. ¿Hay Ley Marcial en distintos puntos del territorio nacional o en uno solo? No. ¿Han cerrado medios de comunicación e impedido la libertad de expresión? No.

¿Está clausurado el Congreso de la Unión? No. ¿Hay persecución política de opositores, sin derecho a juicios? No (ayer votó el gobernador de Tamaulipas, el panista Francisco García Cabeza de Vaca, acompañado de toda su familia, quien en hace unos días tenía una orden de aprehensión y fue desaforado por la Cámara de Diputados para removerlo de su encargo como mandatario estatal).

¿Eso pasa una dictadura? Si, para los que no entienden que no entienden.

Hace tres años, a esas mismas voces les dolió en el alma los resultados de las elecciones presidenciales. No han superado esa dosis de democracia, aun llamándose demócratas.

Celebraban y celebran a ciegas desplegados de “intelectuales” y “arzobispos” con el mismo discurso de “dictaduras”, “tiranías” y “totalitarismos”. El domingo salieron a votar, unos ganaron, otros perdieron, como ocurre en las democracias vivas, pero se ve imposible que cambien su discurso de odio.

Con el paso del tiempo, cada vez más se da uno cuenta que es real, que ese discurso es porque el gobierno de Andrés Manuel López Obrador trastocó (o visualizan que va a trastocar) privilegios, corruptelas o beneficios exclusivos que sólo tenían en los gobiernos anteriores:

La venta de plazas, el seguro de gastos médicos, contratos particulares, puestos de “aviadores”, componendas y ‘cochupos’ judiciales, tranzas en lo oscurito, publicidad en medios, la “bequita” en el extranjero, etcétera, etcétera.

Tal vez no lo sepan, pero ahora tienen otras dos oportunidades por delante, dos instrumentos de participación ciudadana que nunca se habían visto en México: una consulta popular para la revocación del mandato del presidente de la República y un referéndum para enjuiciar o no a expresidentes y exfuncionarios.

¿Aprovecharán esta oportunidad? ¿Seguirán con el discurso de las “dictaduras y las “tiranías”? Está por verse. Pero francamente no se vislumbra ese escenario, incluso cuando la oposición al gobierno de AMLO haya avanzado indiscutiblemente en estos comicios.

Y es que la tónica ha sido la misma siempre: poner por delante “lo que creo”, “mi opinión”, a la evidencia. Esto ocurre en cualquier ámbito, pero llama la atención que esté afianzado en quienes se dicen periodistas, quienes le dan más validez a la especulación que a verificar la información.

Y así, en los últimos tres años, nos amanecemos con epidemiólogos, expertos en relaciones internacionales, especialistas en seguridad nacional, expertos en temas energéticos, sabelotodo en aviación civil y militar, ingenieros civiles, peritos, ministerios públicos, mandamases en temas feministas, oncólogos infantiles, auditores y expertos anticorrupción.

Pero los escenarios no les salen. Las cuentas se les traban en palabrería y maromas. Se enervan si se equivocan y no reconocen error alguno.

Son los que celebraron el triunfo del PRI (¡Si, del PRI!) en los comicios locales del año pasado en Hidalgo y Coahuila. Los que pronosticaron el principio del fin de Morena en esas elecciones, que representaron el .5% del total de electores en México.

Son los que hacían augurios sobre una catástrofe en la relación bilateral entre Estados Unidos y México porque AMLO no reconoció el triunfo de Joe Biden ante Donald Trump hasta que las autoridades judiciales confirmaron el triunfo del demócrata.

Son los que querían ver en México un escenario similar al de la India o Brasil, con cadáveres incinerándose en las calles u hospitales colapsados, por la pandemia de la Covid-19. Son los que se desgañitan en asegurar que estamos en una dictadura. Son los que callaron con lo de la Guardería ABC y hoy exigen medicamentos para los niños con cáncer.

Son los que un día sí, y el otro también, aseguran que el actual gobierno los censura, que está coartando su libertad de expresión. Y sí, son los mismos que pueden publicar en redes sociales o en cualquier medio de comunicación lo que les venga en gana.

Son, en suma, los que nunca han hecho una autocrítica del pasado inmediato, los que piensan que los anteriores gobiernos dejaron un país parecido a Noruega o Suecia.

El severo revés para Morena y para Claudia Sheinbaum en la Ciudad de México, sobre todo por el efecto de la tragedia en la Línea 12 del Metro, por la impunidad y la inacción que se ha dado en este hecho que dejó 26 personas muertas, no habla más que de una democracia vibrante en la capital del país, supuestamente el principal bastión del partido en el poder, que ahora sólo se quedará con seis o siete de las 13 alcaldías que se echó a la bolsa en 2018.

¿Esto es una dictadura? Para los falsos demócratas, claro que lo es. ¿Estamos en una dictadura, cuando en la Alcaldía Benito Juárez el PAN arrasó con el 67.61% de los votos (sí, resultados que sólo se veían en los gobiernos de Luis Echeverría o José López Portillo)? Para los falsos demócratas, claro que sí.

No se espera gran cosa para los próximos tres años. Y es ahí donde la democracia pierde, no en las “mañaneras” que nada dicen y que se han convertido en un ramillete de palabrerías huecas.

No se espera que aprendan a ser oposición, porque históricamente las verdaderas oposiciones son críticas y autocríticas, con propuestas claras y de largo aliento (no sólo el pragmático: “¡vamos a sacarlos porque nosotros ya cambiamos!”).

Quizá para 2024 algo entiendan –cuando observen que su odio irracional, fanático, igual al que ellos critican–, pero será demasiado tarde porque, en su torpeza cotidiana, en su pobreza intelectual, no se darán cuenta que mientras más afinen su discurso de mentiras y medias verdades, su némesis, su demonio, su dictadura imaginaria, tendrá más adeptos para esa elección. Tal como ocurrió este domingo.

@RivelinoRueda

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