En búsqueda del tiempo mexicano… del conflicto a la solidaridad y de vuelta al conflicto

Por: Armando Leal

@armandoleal71

La solidaridad de la población

 en realidad fue la toma del poder

Monsiváis

Para el escritor Rafael Lemus uno de los problemas de la contemporaneidad mexicana es la hegemonía. Señala que el neoliberalismo tuvo que abandonar el paradigma de la Revolución para iniciar el proceso de construcción de un nuevo discurso; sin embargo, el proceso se detuvo con el levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (1994)

Si bien el autor afirma que hay una ausencia de un discurso hegemónico, lo cierto es que no aporta elementos para comprobar dicha afirmación. La hegemonía cultural es una categoría elaborada por Antonio Gramsci, se trata del “discurso” que una clase social construye para dominar a la otra y también para justificar dicha relación de dominación. Muy probablemente Lemus, acierte en que la élite política mexicana neoliberal no construyó un discurso propio para ejercer el poder y legitimar su ejercicio.

Hegemonía cultural en las cuatro décadas neoliberales hubo. La idea misma del Estado como una entidad estrictamente administrativa, ya no como un ente que aglutina y ejerce un tipo de dominación es una de ellas. Decimos idea, porque si bien, el discurso hegemónico señalaba que debería achicarse al Estado y restringir su operación en el espacio público, en los hechos las administraciones neoliberales, ejercieron un tipo de dominación en beneficio de sus intereses.

En el plano práctico, las transformaciones de la hegemonía cultural revolucionaria son evidentes. Se abandonó cualquier reivindicación de la Revolución mexicana de 1910, todo aquello que evidenciara las huellas de una larga tradición donde el conflicto se manifestara públicamente fue edulcorado, limado hasta neutralizar su contenido transformador. La sociedad mexicana tiene una larga tradición con la expresión de sus desavenencias y sus desacuerdos.

Lemus señala que se llegó al extremo de evitar conmemorar estas fechas. Bajo el pretexto de que estos enclaves históricos habían perdido todo significado y se habían convertido en simples días de asueto. Fox los eliminó como días de descanso obligatorio y a la más pura tradición televisiva, los catafixió.

Pero hay una hegemonía cultural que permeó en la sociedad mexicana. El levantamiento silencioso de miles de ciudadanos frente a los terremotos de 1985 fue una muestra palpable de ello. En el discurso hegemónico fue una manifestación del México solidario (Solidaridad), en las calles fue una revuelta ciudadana, expresión del trabajo político de cientos de organizaciones, algunas de ellas armadas, que mantenían un trabajo de base para concretar el Movimiento Urbano Popular y la revolución.

La rebelión de 1985, reactiva si se quiere, fue la expresión del trabajo político-ideológico de diversas organizaciones de la izquierda mexicana. Pensemos en Asamblea de Barrios y en su singular dirigente Súper Barrio, ese dirigente político que se enmascaraba para dar la batalla, detrás de la organización política: “Asamblea de Barrios” está el trabajo de “Punto Crítico” y su ideólogo, Raúl Álvarez Garín.

Lo que politizó a los habitantes del entonces Distrito Federal, hoy CDMX, no fue la inoperancia y corrupción del régimen político —ese fue el detonador para que se iniciara la revuelta—sino más bien, el trabajo de concientización política que cientos de organizaciones político-guerrilleras construían en la metrópolis. Sin embargo, en el discurso neoliberal, dicha conciencia política, fue eliminada y vuelta el despertar de la sociedad civil solidaria. En la retórica neoliberal se paso del México bronco al solidario.

En la cultura hegemónica, la solidaridad no es conflictiva, todo lo contrario, está más ligada a la resiliencia que a la revolución. La resiliencia es adaptabilidad que se hermana con aquel antiguo discurso enmascarado de cientificidad —léase Veracidad— del darwinismo social.

Lemus, señala que ese intento de construcción de una hegemonía cultural por parte del neoliberalismo emerge de grandes agencias de publicidad estadounidenses que construyeron los “cimientos” de ese nuevo entramado.

Muy probablemente los políticos e intelectuales neoliberales no construyeron una hegemonía cultural neoliberal local. Lemus indica que renunciaron a ello; sin embargo, el proceso de globalización que acompaña al neoliberalismo hace innecesario la creación de una hegemonía local, más bien se “importan” ideas que legitiman el orden de dominación.

El intento fallido de construcción de una hegemonía cultural, se da entorno a la “magna” exposición “México esplendores de 30 siglos”, donde aparecen nuevas “figuras” en la industria cultural: curador, museógrafo y un sinfín de “oficios” que acendran la reproductibilidad de la obra de arte y la muerte del aura.

México esplendores de 30 siglos” fue curada por mercadólogos neoliberales para “construir” una nueva idea de mexicanidad, una que evita el conflicto, que asume que el pasado indígena ha sido superado… todo ello para encarrilar al país a una deseada MODERNIDAD. La “magna” exposición México splendors of thirty centuries elimina nuestro pasado azteca (guerrero), preponderando a los Olmecas y nuestro origen mesoamericano.

México esplendores de 30 siglos” reinterpreta la Colonia y el periodo Novohispano, etapas de lucha y contradicción por un esteticismo que corona al Barroco como lo importante de la época. Los espejos que el discurso neoliberal desentierra son sanitizados para ser ingeridos por las nuevas generaciones millennials y post millennials.

La historia del Imperio Azteca no sólo suena a un exabrupto en la lógica neoliberal, sino es el vestigio de nuestra antigua tradición con el conflicto y la revuelta. En los tiempos actuales se expresan libremente en la plaza pública todas las desavenencias, hay una expresión de nuestra conflictividad… las feministas tomando las calles, destruyendo esas antiguas imágenes vestigios de la dominación patriarcal, la derecha miente y grita famélica en defensa de sus intereses, eso implica en los hechos la construcción de un espacio público, sucio, ruidoso, disonante.

El neoliberalismo acrecentó el autoritarismo priista, eliminó la posibilidad del debate y la discrepancia. La revuelta de más de 30 millones de votos que llevó al poder a Andrés Manuel López Obrador abre grietas en la construcción de un México plural y disonante. En los hechos reivindicamos nuestro ancestral pasado, aquel donde la revuelta, el debate y la disconformidad eran elementos de nuestro devenir.

Hoy cotidianamente construimos una nueva patria, cuando la derecha y la “clase media feminista” sale a votar por Margarita Zavala, se expresa ese descontento. Cuando miles de ciudadanos simpatizantes de la izquierda no salen a votar, porqué no se sienten representados en las políticas sociales de AMLO y logran que la Ciudad de México gane la derecha, es parte de ese ejercicio disonante.

La sociedad mexicana está tumbando los muros de la antigua hegemonía cultural neoliberal y construye a trompicones una nueva. No sabemos a dónde iremos a parar, pero aquella mañana del 6 de julio de 2018, dijimos basta y nos echamos a andar.

¡Suscríbete a nuestro newsletter!

Related posts