En búsqueda del tiempo mexicano… en la gama de expresión de los genes ¿cuánta sangre indígena hay en ti?

Por: Armando Leal

@armandoleal71

La sangre corre como agua

y está ácida de sangre el agua de beber.

De comer no queda más que tierra.

Se pelea casa por casa,

sobre las ruinas y los muertos,

de día y de noche

Eduardo Galeano

A partir del 2012 la empresa Gallup realiza un ejercicio demoscópico en todo el mundo, según sus palabras se trata de: “…la encuesta más completa y de mayor alcance del mundo.” El ejercicio mide la felicidad de los habitantes de 156 países, que en la era neoliberal se ha tornado un indicador de bienestar.

En 2013, México ocupaba el lugar número 16; dos años después el 14. En 2016 el 21, 2017 el 25, 2018 el 24; 2019 el 23; 2020 el 24 y el 2021 ocupa el lugar 36. El índice se construye a partir de diferentes indicadores, entre los que destaca la percepción que los ciudadanos tienen de su realidad, sobresale la noción que los miembros de las naciones más ricas del mundo tienen de sí; pero también de países como México.

Al preguntarle a los mexicanos sobre “la mejor vida posible”, la respuesta ubica a México en el margen de aquellas sociedades muy cercanas a esa vida, —no se trata solo de la percepción, sino que el índice en aquellos países resulta ser más congruente—. Los mexicanos rankean mundialmente a su país como cercano al modelo de vida posible: son una nación feliz.

Un modelo de vida posible con más de 300 mil muertos durante la guerra del crimen organizado, con 80 mil desaparecidos durante los últimos 15 años; con más de la mitad de su población en la pobreza, con un sistema de salud colapsado, con 232.068 muertos por COVID. Mientras más de 60 millones de personas viven en la pobreza, un millón concentra la riqueza del resto de la población.

Pese a ello, los mexicanos ven su realidad como satisfactoria, lo cual los lleva a la felicidad. En 2012, en plena escalada de la guerra, 7 de cada 10 mexicanos señalaban estar muy feliz. El indicador evidentemente es cuestionable, pero sociológicamente devela la auto-representación de segmentos importantes de la población, además el grado en que la hegemonía neoliberal permea en sectores de la sociedad mexicana, donde la felicidad es sinónimo de bienestar y éxito.

En 2016, el porcentaje de la población mexicana no pobre y no vulnerable representaba el 22.6; mientras que la población con al menos una carencia social era un 70.1%, esa misma población en la encuesta de empresa Gallup, llevó a México al lugar 21 en el ranking de la felicidad.

Los indicadores sobre ingreso y pobreza en México durante estos años señalan que la desigualdad económica, el rezago educativo, la carencia en servicios de salud, seguridad social, vivienda y alimentación expresan que millones de mujeres, varones, niñas, niños, adultos mayores están excluidos del bienestar.

La constante en las cuatro décadas neoliberales ha sido la exclusión de más de la mitad de la población de la salud, educación, vivienda y alimentación. Sin embargo, los mexicanos alegorizan su existencia como la mejor posible. Son felices, como en Dinamarca, Alemania o Suecia.

Ser o no ser felices, esa es la cuestión. La ideología neoliberal hapenetrado enla consciencia mexicana de sectores importantes hasta la médula. La pobreza como la felicidad debe, al menos leerse en dos sentidos, en principio está lo cuantitativo, aquellos millones de personas que no tienen para comer, vestir, salud, educación, que no tienen acceso a una vivienda digna… que no poseen una existencia digna.

Desde una perspectiva que se abstrae de los números, está lo que significa ser pobre en un país profundamente racista y clasista. El dominio español estratificó a la sociedad mexicana llevándola a una vida de castas, donde la consanguinidad jugaba un papel esencial, el mestizo como el interregno entre el ser o no ser, frente a la mayoría indígena y la minoría española.

Pobreza en México significa poseer genes indígenas, los cuales le dan a la piel un matiz distinto al blanco, la miseria está pigmentada. Ser pobre en México significa ser premoderno, aunque singularmente no hay un acuerdo respecto de qué es la Modernidad mexicana.

Pobreza en México significa “hablar mal”, tener acento, poseer un localismo que te distingue del “desarrollado”. Pobreza en México significa ser culpable sin proceso, habitar la cárcel, sin juicio y sin condena, solo por ser pobre, por no ser blanco, la condena de ser moreno.

Pobreza en México significa tristeza. En este país, la ideología neoliberal dicta que nadie debe/quiere fracasar, se está obligado a ser feliz, resiliente, remontar de la catástrofe, de la fáustica realidad de hijos desaparecidos, la mujer violada, quemada con ácido, el hijo robado, la hija asesinada. La madre masacrada. Pero nadie quiere estar triste, porque eso significa ser miserable. Tristessa

Se encubre la tristessa, se le niega, se abstrae… Tristessa enajenada, cosifica en la resiliencia. La pobreza está estigmatizada, nadie quiere fracasar, aunque naciste en el fracaso, has heredado la miseria de tu abuelo, de tu padre… se la darás a tu hijo. Legas miseria como heredas genes.

En la mistificación de la pobreza, nadie absolutamente nadie quiere serlo, aunque lo sea, aunque los 6 mil pesos mensuales que se gana no alcancen para nada, aunque los 400 pesos que recibes por hora, sean insuficientes, profesor de asignatura de la UNAM. Aunque 56.6% de los trabajadores en México son informales y de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) perciben menos de 6 mil pesos al mes. Sin embargo, son felices.

Pero aquí, en este país nadie es pobre: aunque el tinte de la piel traicione, pero aquí, en este país nadie es pobre: se es feliz. La pobreza a diferencia de la clase media no es una “identidad”, no es el interregno entre el infierno y el paraíso, no es la parada entre la tristessa y la felicidad.

No hay puntos medios, se es pobre porque no se tiene para comer, estudiar, para la salud, se es pobre porque no se tiene acceso a una vivienda digna… porque no se posee una existencia digna. Y la pobreza se tiñe, se enajena, porque la condena del pobre es heredar pobreza, ser moreno, fracasado y triste.

Ahí está el interregno, la tabla de salvación: la clase media. No estoy triste, solo medio feliz. En términos económicos, la clase media mexicana no tiene asidero; desde la perspectiva de una “identidad”, una tabla de salvación, una falsa salida, la tiene. Te promete el paraíso en la tierra, aunque estás condenado, por tu piel, tu herencia, porque los 6 mil pesos no te alcanzan para nada.

¿Quiénes son los pobres? ¿quiénes los ricos? ¿qué es la clase media? ¿en qué decil te encuentras? en la gama de expresión de los genes ¿cuánta sangre indígena hay en ti? ¿cuánto fracaso? ¿eres feliz?

Ser pobre o ser rico ¿esa es la cuestión? entonces no te queda de otra, ¡eres clase media! Porque en este país la pobreza está pigmentada ¡apestas! Apestas profesor universitario, apestas habitante de la Narvarte, apestas norteño.

Ser pobre, ser rico o de clase media ¿esa es la cuestión? en la gama de expresión de los genes ¿cuánta sangre indígena hay en ti? ¿cuál es el dominante, el recesivo? el clasicismo mexicano cruza por ser perdedor o triunfar ¡una estrella del canal de las…! tener éxito es tener dinero, no tenerlo es fracasar.

Habitante del interregno, tránsfuga de la mexicanidad: clasemediero ve a tu jardín y si no lo tienes, haz un hueco en el concreto, llega a la tierra y desentierra el espejo ¿qué es lo que ves? ¿a quién ves?

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