En búsqueda del tiempo mexicano… la prensa mexicana del trascendido a la invención.

Por: Armando Leal

@armandoleal71

¿Qué es un brinco sin sentido?

¿Qué es aún más inaprensible

e inconsistente, más desafortunado

e imprevisible que el rumor?

La prensa,

que es el embudo de la bocina

KARL KRAUS

En la historia del periodismo “moderno” uno de los puntos de inflexión lo dio la célebre investigación del Watergate, que develó la corrupción de Richard Nixon. El asalto a las oficinas del Partido Demócrata para sembrar micrófonos y espiar a la oposición, la madrugada del 28 de mayo de 1972, se convirtió a la postre en una parada obligada para los estudiantes de periodismo.

Bob Woodward y Carl Bernstein fueron los jóvenes periodistas que investigaron el asalto para el periódico estadunidense The Washington Post. Aquel Post comandado por Ben Bradlee. En la larga construcción de la noticia que reconstruyó los hechos, develando paso a paso la corrupción de la administración Nixon. Woodward y Bernstein echaron mano de diversas técnicas de investigación periodística.

Una de las técnicas de investigación, que cobró importancia para el restablecimiento de los hechos fue la utilización de fuentes anónimas, la más destacada: Garganta Profunda (William Mark Felt, director asociado del FBI). Sin embargo, las filtraciones no fueron su principal fuente, sino un punto de partida, una guía para armar el rompecabezas. Cada filtración fue contrastada con al menos otras tres fuentes: documentales, testimoniales, grabaciones, etc.

En la década de los 80 del siglo pasado, el periódico The Washington Post publicó un reportaje que causó revuelo en la opinión pública estadounidense, pasó de ser una noticia local para tener una repercusión nacional. La periodista Janet Cooke narró la historia de un niño de ocho años que era drogado por su madre con heroína.

Eran los tiempos, son, del férreo combate a las drogas: Ley y Orden. El reportaje de Cooke se centraba en las barriadas pobres de Washington, con población predominantemente de color. Sin embargo, el reportaje fue una invención de la periodista, Jimmy el niño adicto a la heroína no existía. Bradlee ordenó una investigación exhaustiva, revisión de notas, así como señalar quiénes eran sus fuentes anónimas. La periodista terminó revelando que Jimmy no existía.

Bradlee ordenó una auditoría externa de las notas y reportajes publicados por Cooke y terminó despidiendo a la reportera, quien tuvo que devolver el Premio Pulitzer que había ganado por el reportaje.

La historia reciente del periodismo mexicano es diametralmente distinta. Los medios: prensa, televisión y radio manipularon durante décadas la realidad mexicana. Fueron parte activa del engranaje represivo del régimen autoritario priista.

Si el gobierno mandaba al ejército a reprimir la protesta de los médicos, los medios ignoraban la noticia o estigmatizaban a los opositores; si el régimen reprimía y encarcelaba al movimiento democrático de los ferrocarrileros dirigidos por Demetrio Vallejo y Valentín Campa los medios los volvieron enemigos de la nación. Si el régimen asesinó y reprimió a los jóvenes del movimiento de 1968, los medios ignoraron la noticia o satanizaron la revuelta.

En el siglo XXI, en plena consolidación del proyecto neoliberal, la emergencia de las redes sociales y cambios en el partido en el poder, los medios decidieron seguir siendo militantes de los poderes económicos, políticos y delincuenciales, han jugado un papel mínimo en la transformación del país.

La historia reciente de los medios de comunicación masiva pasa por pactos de complicidad, manipulación de la realidad y ser un instrumento ideológico de la lucha por el poder. Los dueños de los medios de comunicación han reducido el papel de los medios a una simple empresa, donde las ganancias y la defensa a ultranza de estas ha sido su principal objetivo. No les interesa el papel social del periodismo y de la comunicación.

Los empresarios de los medios han diversificado sus inversiones, tienen acciones en empresas farmacéuticas, hospitales, etcétera; o bien, los empresarios farmacéuticos, de telefonía, tiendas departamentales, de autoservicio, hospitalaria han decidido invertir en los medios. Esto ha llevado a un trastocamiento del periodismo y la comunicación.

Así en las cuatro décadas neoliberales, los medios combinaron su militancia política, con la económica, el proceso de corrupción que ha traído a los medios es una mónada de la descomposición de las élites mexicanas.

En el siglo XXI se ha atestiguado la emergencia de las redes sociales que en los hechos se han convertido en medios de comunicación emergentes, muchos de los cuales no obedecen a la lógica mercantil de los medios dominantes, pero también ha significado un quiebre en la forma de comunicarse con las audiencias.

Todavía es una costumbre arraigada en los medios que, si algún televidente está en desacuerdo con los mensajes que recibe, la respuesta del medio es: “si no está de acuerdo que le cambie o que le apague”.

Hoy también confrontamos un tipo de comunicación donde el televidente es audiencia. Se trata de un cambio conceptual, pero fundamentalmente que cambia el antiguo paradigma de la comunicación de masas, donde feedbackno es más una entelequia abstracta, sino un hecho consumado.

A través de las redes el ciudadano puede responder o manifestar su desacuerdo con cualquier mensaje emitido por cualquier medio. El autoritarismo comunicativo sufrió una grieta, de la cual aún no sabemos sus consecuencias. Fundamentalmente por las resistencias antidemocráticas de los periodistas, comunicadores y opinólogos ha recibir la réplica del ciudadano y la ausencia total de códigos deontológicos.

En la historia antidemocrática y corrupta de los medios, en 2017 las audiencias mexicanas fueron testigos de su modus operandi a través del caso de la niña Frida Sofía, Televisa y sus periodistas: Daniele de Iturbide, Carlos Loret de Mola y Denise Maerker inventaron durante días una realidad, se trataba de una niña que estaba en lo más profundo de los escombros del colegio Enrique Rébsamen.

A los días, la noticia era desmentida por una de las madres de los niños del colegio. Nunca existió una niña Frida Sofía en aquella escuela, no había nada que rescatar, pero la televisión tuvo en vilo a la sociedad con el espectáculo de la muerte.

La respuesta del medio no fue despedir a los periodistas, elaborar una investigación a su reportera de campo Daniele de Iturbide, o bien armar una auditoría independiente de sus noticias; en lo absoluto, promovió a la periodista de Iturbide y dejó que sus dos figuras: Loret de Mola y Maerker siguieran mintiendo como cotidianamente lo hacen.

Uno de los elementos fundamentales en el periodismo es la credibilidad, la cual forja el periodista y el medio en base a una ética y un conjunto de reglas sobre lo permisible y lo inadmisible.

En la historia del periodismo mexicano esos límites éticos y la credibilidad son monedas de cambio. A los medios y a los periodistas durante décadas, casi un siglo, lo que les ha interesado es tener la credibilidad del poder, ese que les dio tajadas jugosas del presupuesto público a cambio de su lealtad.

A los medios y a los periodistas no les interesa la credibilidad frente a sus audiencias, porque no les interesan las audiencias, para ellos son sujetos pasivos, la gran mayoría de las veces son despreciables para el periodista y el medio.

Con absoluta impunidad Reforma inventa primeras planas, el salinista Raymundo Riva Palacio miente, lo mismo que Loret de Mola inventa noticias o crea montajes y criminales. Así en el abuso del periodismo de trascendidos —las viejas filtraciones que el poder le hacía al periodista amigo, el cual recibía contratos jugosos— la prensa mexicana vive una profunda crisis.

Una de las periodistas de investigación más destacadas por las filtraciones que recibía de los carteles y de los cuerpos policiales, Anabel Hernández hoy se confronta a una realidad que la desnuda y devela su verdadera dimensión. Desde algún lugar de Italia, la periodista atestigua como en el escritorio de Andrés Manuel López Obrador se elaboran documentos que otros presentan; en sus “reportes” ella ve cómo el mandatario toma la pluma, dicta el texto…

Desde Italia, Hernández nos da cuenta de las llamadas telefónicas entre funcionarios, ella puede ver lo que los interlocutores dicen, puede moverse instantáneamente de Italia al Palacio de Cobian y de ahí a Palacio Nacional, todo al mismo tiempo. La “periodista” no solo es docta en la amistad con el poder —crimen organizado y económico-político—, y en las filtraciones, si no también posee el don de la omnipresencia.

En fugaces viajes da cuenta de lo que sus fuentes anónimas le cuentan sobre la corrupción, la compra de votos y un conjunto de realidades a las cuales ella tiene acceso en exclusiva, desde Italia. Anabel Hernández no necesita ganarse la confianza de sus “informantes”, su observación desde Italia es activamente participante.

Los dichos de las fuentes de la periodista —amiga cercana de los carteles— nunca son contrastados con otras fuentes, solo importa lo dicho por la “fuente”, no hay hechos, sino invenciones de hechos y abundantes dichos. El periodismo se ha vuelto un ejercicio de dichos y chismes.

El modelo de periodismo mexicano, de comunicación funcionó a la perfección en la antidemocrática y corrupta realidad priista, en la realidad neoliberal, ahí donde los pobres no existían, donde la lucha encarnizada del pueblo mexicano por mejorar sus condiciones de vida es una ilusión, donde la corrupción era menor y donde el chayote es un mito genial.

El periodismo mexicano está obligado a elaborar un diagnóstico de su descomposición, corrupción, falta de ética y complicidad. Es urgente realizar un ejercicio de autocrítica. Cuando se rasgan las vestiduras porque el presidente Andrés Manuel López Obrador los devela como mentirosos, es fundamentalmente por su incapacidad autocrítica.

¿Por qué frente a las mentiras de Reforma, el salinista Riva Palacio, Loret de Mola, Anabel Hernández y tantos más Aristegui y gran parte del gremio deciden guardar un ominoso y cómplice silencio?

Es fundamentalmente porque no les interesan las audiencias, la democracia, el combate a la corrupción, o la alarmante desigualdad económica, porque ellos viven de esa corrupción, de esa antidemocracia… de esa desigualdad económica.

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