La memoria política de Chile está en el centro de las acciones de transformación social: Fernández Droguett

Por Redacción Reversos
La politización de la sociedad chilena tiene memorias del pasado que orientan e inspiran los proyectos y acciones de transformación social, las cuales colaboran a través de la historización de la realidad y el diálogo con planes y periodos anteriores, refirió el doctor Roberto Fernández Droguett. 

Como parte del Ciclo Permanente de Conferencias del Posgrado en Psicología Social de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana, el investigador ofreció la conferencia magistral Memorias políticas en tiempos de politización y revueltas en la que se refirió a los discursos y las narrativas en las protestas de ese país. 

Aun cuando es difícil definir los rasgos temporales exactos, la sedición social de octubre de 2019 es la culminación de una historia bastante larga, que comienza el 4 de septiembre de 1970 con la llegada de Salvador Allende al poder, el posterior golpe de Estado y la dictadura. 

“El fin de ese último periodo implicó una alta movilización social y mucha gente en las calles. A partir de la década de 1990 los gobiernos democráticos procuran que la gente se quede en su casa. Este es el resultado de una doble crisis: la del modelo socioeconómico de tipo neoliberal y la de los mecanismos de representación política”. 

El integrante del programa de Psicología Social de la Memoria de la Universidad de Chile explicó que en el año 2011 comenzó todo un proceso de repolitización de la colectividad, con el movimiento estudiantil, las protestas ecologistas contra proyectos mineros y eléctricos, las luchas del pueblo mapuche y el movimiento feminista y de diversidad y disidencias sexuales. 

“Hablamos de politización como el involucramiento individual y grupal en debates y acciones concernientes a problemáticas colectivas para debatir sobre las características del sistema educacional y el de protección social, así como sobre la soberanía y el modo de incidir en las decisiones”.  

Una de las dimensiones más importantes de la insurrección social es que implica una apropiación política radical, masiva y sostenida del espacio público, que se da con las diversas manifestaciones en el centro, la periferia y las diferentes regiones del país. 

Como parte de su proyecto de investigación buscó entender qué crónicas políticas se construyen en la revuelta social, valiéndose de la etnografía, la observación participante, los registros fotográficos en las manifestaciones de 2019 y los lugares emblemáticos del levantamiento social. 

“Por memorias políticas se entienden las de sujetos políticos y movimientos sociales de distintos tipos, que recuerdan hechos o individuos de otros tiempos y sirven para conmemorar, pero también para actuar”, añadió. 

En este ciclo de politización lo acaecido se hace presente y se elaboran historias de etapas anteriores –Unidad Popular, dictadura y transición a la democracia– y se construyen hitos de periodo, en particular durante la revuelta. 

Éstas pueden verse en una de las consignas más importantes de las protestas: “No son 30 pesos son 30 años”; la apropiación de canciones como El derecho a vivir en paz, de Víctor Jara, o El baile de los que sobran, de la banda Los Prisioneros, y el rescate de figuras políticas y culturales como Gladys del Carmen Marín y Pedro Lemebel. 

“Los relatos hacen referencia a víctimas de violaciones a los derechos humanos durante la sedición, con actos conmemorativos, velatones, intervención de lugares emblemáticos y acciones en el espacio público con murales, rayados y grafitis”. 

El investigador concluyó que las prácticas de reminiscencia de la insurrección se nutren de la tradición de las narraciones políticas del pasado reciente en Chile, por lo que resulta fundamental para el proceso político actual que haya verdad, justicia reparación del daño y memorialización de la revuelta social. 

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