La visión alternativa, ¿conspiración o fake?

Por Víctor del Real Muñoz

¿Usted se ha preguntado alguna vez por qué en este mundo la fantasía, o bien, aquello que pareciera no tener coherencia en sus momentos de ocio, es decir, los pensamientos e ideas CRÍTICAS que de la nada le vienen y que quizás no tienen una obligatoriedad de demostración, son tan censurados en el plano cultural como supuestos alternativos individuales para explicarse el mundo?

Créame, por momentos la forma en que se gobierna este mundo le censura a usted su capacidad de proveerse explicaciones propias, le inducen a que usted dude de sí mismo constantemente.

Algo que caracteriza a este mundo moderno, supuestamente de alta vanguardia en su pensamiento oficial, de alta jerarquía en sus criterios de racionalidad, de alta seriedad en sus derroteros de formalidad y de sistematicidad, es la censura de la libertad de las ideas alternativas, o bien, aquello que sea provocativo, o bien, que valla por fuera de lo preestablecido o que se mantenga al margen de lo oficial en su ánimo crítico y reflexivo.

Hoy en el mundo el hecho mismo de ser inquieto, o de tener una visión paralela de cualquier situación, dotarse de armas y herramientas que no sean las culturalmente aceptadas, o bien, intentar cuestionar y explicarse lo que acontece a su alrededor desde su soberanía y su legítima dignidad pensante y no a través de otros, sobre todo de “expertos calificados”, es casi casi condenable, y debiera ser castigado.

¿Será que no existe una democracia en la plenitud de la garantía en el acto de pensar libremente?

En el mundo moderno las explicaciones desordenadas pero coherentes, las explicaciones provocativas, pero bien planteadas, las conjeturas no medidas, pero perfectamente analizadas, o la inteligencia universal de mundo variado o diverso y no necesariamente dimensionado ni limitado pareciera no poderse reivindicar. A la gente se le induce a prescindir de todo ello, y véalo usted mismo, de formas muy sofisticadas.

Hoy, incluso hacia la consecución política y la consecuencia filosófica, económica y cultural, aquello que sea planteado desde la libertad debiera ser abatido, porque en muchas ocasiones pone en peligro la reputación popular y la condición fidedigna de lo que supuestamente proviene de la conjetura ordenada, formalmente evidenciada y científicamente avalada.

Hoy, todo conocimiento que provenga de una tradición de imaginar al mundo diferente del espíritu civilizatorio moderno, sobre todo occidental, o aquello que provenga de la locura, de la confrontación de lo más puro del alma y del corazón

del ser humano no tiene cabida; hoy, lo oficial debe prevenir de lo políticamente correcto y lo formalmente construido.

Hoy, no vale lo improvisado, no tiene cabida aquello que provenga de lo espontáneo, aquello que sale del momento, porque no tiene posibilidad de verificación “sostienen las voces correctas del mundo formal y racional”.

De tal manera, que hasta lo más natural del ser humano que es el hecho mismo de pensar, de poner a trabajar su máquina interna, por momentos, en este mundo, se ve sitiado, condicionado, limitado, incluso hasta para lograr su propio reencuentro y su dialogo interno.

En este espacio reiteradamente se ha hablado de la importancia de generar espacios de vacío, de silencio interno, de meditación, para relajar la mente, para calmar los ánimos pensantes que en exceso conducen al ser humano a un desequilibrio emocional profundo.

Pero otro de los objetivos que la limpieza emocional, sobre todo aquella que proviene del yoga, las tradiciones del budismo y la meditación, es para fortalecer la capacidad de pensar con mayor claridad, pero también con mayor libertad, con mejor libre albedrío, con mayor soltura, sin tantas cadenas de condena, de apegos ni de programas preestablecidos que, por momentos, parecen condicionar demasiado al ser humano.

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